domingo, 7 de agosto de 2011

La Condesa Sangrienta. La mujer que se bañaba en sangre humana buscando la eterna juventud…

Erzsébet Báthory, la mujer que se bañaba en sangre humana buscando la eterna juventud. Considerada la asesina en serie más grande la de la historia.

En este articulo voy a contar la historia de una mujer llama Isabel Báthory la cual fue una Condesa aristócrata húngara que no soportaba la idea de hacerse vieja. Cabe destacar, que en la época en la que ella vivió, la población envejecía rápidamente. Esto se debía a la mala alimentación, a la falta de medicinas, a las distintas enfermedades que no se encontraba la cura..... 
Por ello, la aristocracia se preocupaba mucho de su físico y quería alcanzar la eterna juventud. Bueno, aquí os expongo su historia para que juzguen.
Nace en una de las familias más antiguas y adineradas de Transilvania. Su nombre auténtico era Erzsébet (Isabel, en castellano) Báthory, pero la historia la conoce como La Condesa Sangrienta, por su afición a secuestrar y torturar a muchachas de los alrededores, cuya sangre se bebía para conservar la eterna juventud. Al menos eso testificaron quienes siguieron el proceso contra ella en unos tiempos convulsos.
Isabel nació en 1560 en Byrbathor, una ciudad de la región de Transilvania, en la Hungría profunda, «el país más salvaje de la Europa feudal», según la escritora francesa Valentine Penrose, autora del libro «La Condesa Sangrienta». Un país salvaje y, como casi siempre en su historia, dividido, con una parte ocupada por los turcos y la otra en manos de los Habsburgo austriacos. Isabel pertenecía a una de las familias más adineradas y poderosas del país. Era sobrina de Istvan Báthory, Príncipe de Transilvania y Rey de Polonia entre 1575 y 1686. Pasó su infancia en el castillo de los Ecsed, la rama más extravagante de los Báthory, repleta, como consecuencia de los matrimonios consanguíneos, de locos y tarados.
Se dice que a los cuatro años Isabel sufrió ataques de epilepsia o algún otro trastorno neurológico, pero remitieron pronto y no parecen tener relación con su comportamiento posterior. Fue educada con esmero, algo inusual para su tiempo, cuando muchos nobles ni siquiera sabían leer y escribir. Pero Isabel hablaba húngaro, latín y alemán, y además era guapa. Todo un partido… en apariencia.
A los 15 años fue obligada a casarse con el conde Ferenc Nadasdy, que tenía 26 y se pasaba la vida batallando contra los otomanos. Tuvieron tres hijas y un hijo y vivieron en el castillo Ecsed con la madre de Ferenc, su odiada suegra Úrsula. Una primera muestra de la crueldad de Isabel aparece en la correspondencia que sostuvo con su marido ausente, en la que ambos intercambian ideas sobre las técnicas más apropiadas para castigar a los criados.
El caso es que la condesa administró el castillo con mano de hierro y brutales palizas a las sirvientas, a las que golpeaba con un pesado mazo o les pinchaba con agujas debajo de las uñas, por citar algunas de sus diversiones predilectas. Por otro lado, a Isabel le atraían sexualmente las mujeres, pero sus prácticas sádicas, siempre con golpes y sangre, asustaban a las incautas que se prestaban inicialmente a sus requerimientos.
La muerte de Ferenc Nadasdy en 1604 fue el punto de inflexión definitivo en la espiral de violencia de Isabel, que al verse viuda dio rienda suelta a toda su psicopatía. De entrada echó del castillo a su suegra y al resto de parientes de su marido, y con la ayuda de su cómplice Darvulia, una supuesta bruja de la región, montó un siniestro laboratorio, más bien cámara de suplicios en los sótanos del castillo y se dedicó a las prácticas de magia negra. Entre los aparatos de tortura que supuestamente guardaba en las mazmorras había un autómata llamado «La Virgen de Hierro», una dama metálica con un mecanismo que clavaba puñales, además de diversos atizadores enrojecidos al fuego, ganchos y todo lo que la imaginación pueda concebir en estos casos.
Según la leyenda, Isabel un día, vió a su paso por un pueblo a una anciana decrépita y se burló de ella. La anciana ante su burla la maldijo diciéndole que ella también estaría como una vieja en poco tiempo.
A partir de ese momento, según el mito, Elizabeth Báthory se transformo en una cruel asesina en serie obsesionada por la belleza, y esa era la razón de esta sinrazón.
Obsesionada Isabel quería mantenerse bella y joven para siempre, ya que para esa época, tenía 44 años, que para ese tiempo era casi la tercera edad, y según ella, la fuente para obtener la eterna juventud era la sangre de las chicas a las que torturaba.
Bebía su sangre, se daba baños de sangre, arrancaba su carne mientras sus sirvientas las sujetaban y cometía actos tan atroces que resultan casi imposibles de creer.
Durante un tiempo se mantuvo impune porque elegía a sus víctimas entre las siervas y campesinas, a quienes en esa época aún feudal un noble podía tratar como un objeto, pero tras la muerte de Darvulia, Isabel se olvidó de las precauciones y empezó a raptar también a jóvenes de buena familia. Los rumores llegaron pronto a la corte, donde la Báthory no contaba con muchas simpatías, y el Rey Matyas ordenó investigar el caso al Conde Thurzo, un primo de Isabel, pero enemistado con ella. Thurzo y sus soldados entraron en el castillo sin encontrar resistencia y allí estaban a la vista, según dijeron, los cuerpos desangrados, los instrumentos de tortura, el horror.
Es más, se dice que en la mazmorra encontraron a una docena de mujeres que todavía respiraba, algunas de las cuales habían sido perforadas y cortadas en varias ocasiones a lo largo de las últimas semanas. De debajo del castillo exhumaron los cuerpos de 50 muchachas más. Y el diario de Isabel contaba día por día sus víctimas, con todo lujo de detalles, hasta sumar un total de 612 jóvenes torturadas y asesinadas. Por todas partes había toneles de ceniza y aserrín, usados para recoger la sangre que se vertía tan pródigamente en aquel lugar. Debido a esto, todo el castillo estaba cubierto de manchas oscuras y despedía un tenue olor a putrefacción. Se decía que mientras su esposo estaba fuera, ella mantenía relaciones sexuales con sirvientes de ambos sexos, y se rumoraba que cuando tenía sexo con chicas no era raro que las mordiese salvajemente.
A pesar que la ley impedía que una noble fuese enjuiciada, ella lo fue. 
En el juicio, Isabel se negó a declarar, acogiéndose a sus privilegios nobiliarios. Es hallada culpable y sentenciada a confinamiento solitario a cadena perpetua en la mazmorra de su propio Castillo, ordenándose que se sellaran puertas y ventanas de la habitación donde permanecería hasta su muerte.
Sólo dejaron una pequeña abertura para pasarle alimentos, y allí vivió emparedada durante casi cuatro años, media muerta de hambre y de frío, nutriéndose de la escasa comida que le hacían llegar por una ínfima ventanita.
Nunca mostró arrepentimiento ni llegó a entender por qué la condenaron. Murió el 21 de agosto de 1614, al anochecer, «abandonada de todo y por todos».
Se dice que uno de los carceleros la vio a la Condesa Isabel Báthory, caída en el suelo, boca abajo, muerta después de haber pasado cuatro largos años emparedada, sin ni siquiera ver la luz del sol.
Según la leyenda, quisieron enterrarla en la iglesia pero los habitantes locales decidieron que era una aberración que la «Señora Infame» fuera enterrada en el pueblo, y además en tierra sagrada.
Al final la llevaron a enterrar en su pueblo natal, todos sus documentos fueron sellados durante más de un siglo, y se prohibió hablar de ella en todo el país.

La figura de la Condesa Erzsébet Báthory, personaje histórico húngaro del siglo XVI, fue llevado a las letras:
Muchas de las primeras vampiras de la literatura romántica eran seductoras aristócratas con tendencias homoeróticas como «Christabel», y muy especialmente «Carmilla» de Sheridan Le Fanu. Sin duda los autores de estos relatos tuvieron presente el mito de «La Condesa Sangrienta», que comenzó a extenderse internacionalmente sobre todo a partir de la época de la Revolución Francesa. La condesa Báthory aparece como vampira en «Drácula, el no muerto» escrita por Dacre Stoker, sobrino-biznieto de Bram Stoker, e Ian Holt, un estudioso de la figura literaria de Drácula y miembro de la Sociedad Drácula, adoptando el comportamiento sádico y lésbico de su leyenda.
La escritora Valentine Penrose escribió un libro titulado «La Condesa Sangrienta», dedicado en su totalidad al personaje.
El escritor Lázaro Covadlo en su novela surrealista «Criaturas de la noche» dedica casi un capítulo entero a La Condesa Sangrienta, supuestamente parasitada por una pulga de gran inteligencia.
La escritora argentina Alejandra Pizarnik escribió un ensayo basado en este personaje, titulado también «La Condesa Sangrienta», publicado por primera vez en la revista «Testigo», en Buenos Aires en enero-marzo de 1966, y luego en forma de libro por la Editorial Aquarius, en Buenos Aires en 1971. En lo personal de lo mejor que he leído sobre éste personaje.
En la trilogía «La guerra de las brujas», escrita por la escritora barcelonesa Maite Carranza. Erzsébet Báthory aparece como una de las antagonistas principales bajo el nombre de La Condesa y se relata toda su sangrienta historia.
La escritora colombiana Susana Castellanos de Zubiría, dedica un capítulo de su libro «Mujeres perversas de la historia» a Erzsébet Báthory.
Uno de los cuentos del colombiano Ricardo Abdahllah se titula «La historia de Elizabeth Bathory», y cuenta la historia de la condesa, entrelazada con un relato urbano contemporáneo.
Carolina Andújar cuenta la historia de «Martina Székely», donde su mayor enemiga es la condesa Erzsébet Báthory, una Vampyr.
La novela «Ella, Drácula» del escritor español Javier García Sánchez. Donde se relata la vida y crímenes de Erzsébet Báthory, la Condesa Sangrienta, la mayor asesina en serie de la Historia.
En el libro «Sanguinarius, 13 Historias de Vampiros», el relato «Sanguinarius» de Ray Russell, titulada así en claro homenaje a Erzsébet Báthory.
En la novela «62/ modelo para armar», del escritor argentino Julio Cortázar, la presencia de la condesa sangrienta se mantiene como el leitmotiv de la historia. Una enigmática mujer llamada Frau Marta es la encargada de conseguir jovencitas para conducirlas hasta la condesa. La imagen de Frau Marta y la condesa se mezclan con las noches de París y con los sueños de los personajes, y recrean una atmósfera surrealista colmada por lo fantástico, el azar y una búsqueda que termina en la muerte.
En la novela «Amantes de Sangre: El Príncipe Maldito», del mexicano Ramón Obón, la Condesa es nombrada como una aliada en el pasado de la vampiresa Sofia Serenc, adjudicándole a esta su gusto por la sangre, además de participar en sus asesinatos.
En la obra de Alejandra Vallejo-Nájera, «Locos de la historia», se le dedica un capítulo a Elisabeth Bathory.
En «Siete lunas de sangre: la condesa Erzsèbet Bàthory» de Carlos D. Pérez, éste nos relata como al abrigo de los muros de sus castillos, una gran dama, Ersébet Bàthory, dió muerte, en Hungría, a jóvenes sirvientas y doncellas de la nobleza.
En la obra de Alejandra Vallejo-Nájera, «Locos de la historia», se le dedica un capítulo a Elisabeth Bathory, uno de los ocho personajes que cita en dicha obra

También en el cine, el teatro, la música e inclusive los juegos esta enigmática figura ha sido fuente de inspiración y representada de las mil y una formas.
  
Por último, no hay que dejarse engañar por la frágil apariencia de la mujer que nos mira desde el cuadro. Detrás de ese inocente rostro que parece no haber roto un plato en su vida, se esconde la mujer que tiene el triste honor de ser la asesina más cruel y sanguinaria que el mundo haya conocido jamás.

La belleza siempre ha sido un gran problema para miles de personas a lo largo de la historia. Esa obsesión por conseguir la perfección, por llegar a tener la eterna juventud... Han sido muchas personas las cuales se han quitado la vida antes de cumplir los 40 por el hecho de que no querían envejecer. Es algo que les aterroriza, ver el paso del tiempo por el cuerpo a medida que pasan los años... 
Al día de hoy, esta obsesión todavía continua y son muchas las personas que se gastan miles de pesos, dólares ó euros para poder mediante tratamientos, operaciones, implantes, botos, etc...., verse más jóvenes…
En otra palabras: ¿Un sin fin de formulas para llegar a que…? Quizás a la destrucción de uno mismo…

«El criminal no hace la belleza; él mismo es la auténtica belleza»
Jean Paul Sartre

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